El fotógrafo italiano
Gabriele Galimberti (Arezzo, 1977) ha viajado alrededor del mundo con la
intención de averiguar la respuesta ¿a
qué juegan los niños en el mundo? Tras recorrer cincuenta países de los
cinco continentes durante dieciocho meses, llegamos a hacernos una leve idea.
“Toy Stories” ha sido el título del proyecto que nos refleja que
según el país, la cultura, la familia y el ambiente, los determinarán con qué
quieren jugar. “A esa edad sólo quieren jugar”, dijo el fotógrafo italiano. Es indiferente
su condición social y el color de su piel, pero es la realidad: Toy Stories no
sólo capta qué juguetes elige cada niño en una parte del mundo… También sus
condiciones.
Jugar con cocinitas,
con el Lego, con peluches o querer ser policías o músicos. Ellos no son
conscientes, pero les separa una frontera gestual y una brecha socioeconómica
global. La simple imagen del niño con sus juguetes más preciados nos ayuda a
entender la representación de sus sueños, su calidad de vida y aquello que sus
padres han proyectado en ellos. Los niños imitan aquello que tienen a su
alrededor, a esas edades son esponjas: si su padre es policía, el niño querrá
ser policía. Si su madre es música, la niña querrá tocar el piano. La violencia
(armas, aviones de guerra, tanques…) y los juguetes estructurados por normas
sociales (los niños juegan con coches y las niñas con muñecas) siguen siendo
una constante a pesar de vivir en el siglo XXI.
El italiano afirmó que
los niños ricos son más posesivos, que al principio, no querían que tocara sus
juguetes, cosa que en los países subdesarrollados no ocurría. A pesar de ello,
comparten similitudes desde una punta del mundo a otra. Monos de peluche,
Barbies, casitas, dinosaurios, armas, Legos, motos, cubos y tractores: en el
sentido universal, no son tan distintos de lo que han disfrutado el resto de
niños desde hace cuarenta años.
¿Cuál es la excepción?
Los videojuegos. Curioso que no haya aparecido ninguna imagen de ellos sentados
en el sofá frente a la televisión sujetando un mando.
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